martes, 1 de mayo de 2007

LA PLAYA DEL SILENCIO


En algún sitio escribió Cervantes que siempre es preferible el camino a la posada. Lo increíble del caso es que en esta playa encontramos lo más equidistante entre camino y posada. Se diría que nos detenemos en un lugar de la andadura donde el paisaje nos inunda de belleza y sosiego, donde nos encontramos a salvo de las contingencias cotidianas. No es parada y fonda la playa del Silencio. Es parada y refrigerio. Es alto en el camino. Es el paréntesis que se nos abre, como un islote sin antes ni después, como la isla que se conquista, según dejó escrito Pedro Salinas en uno de sus poemas más logrados.

Desde la playa del Silencio, insisto, nos encontramos con una de las metáforas más perfectas que pueden definir el singular encantamiento de Asturias. Una playa pequeña que se esconde para acoger a los que se sienten fugitivos de la cotidianidad. Una playa pequeña con la que se topa todo aquel que consigue abrir un paréntesis en la lucha del día a día. Una playa pequeña que es un respiro para el peregrinaje por el occidente astur desde su vertiente costera tan nuestra.

Desde la playa del silencio, en un momento en que el sol resplandece tras la lluvia, en uno de sus haces bajan temblorosos hacia nosotros estos otros versos de Blas de Otero: «Entonces a mí puedes/ venir, llegar, oh, pluma que deriva/ por los aires más solos:/ yo tenderé y tiraré hacia arriba,/ altos sueños, mis redes,/ para que eterna, si antes fugitiva,/ entre mis alas, no en mis brazos, quedes». Es el sueño que baja hacia nosotros. Volador y furtivo. Y que decide posarse en esta playa, sorda a lo que acontece fuera de ella. Receptiva al que la busca como refugio.

Sus rocas se vuelven espejo del misántropo que hay en nosotros y al que muy frecuentemente necesitamos encontrar. Y liberar. Porque su hallazgo nos hace libres. Nos pone alas. Alas que encuentran su energía en estas olas. En estas olas de la playa del Silencio.

1 comentario:

Reyes Rosselló dijo...

Una de mis playas favoritas. Se encuentra muy cerca de Cudillero y aunque es dificil de llegar merece la pena. No solo por su belleza , sino como su nombre indica "SU SILENCIO"